12 de enero de 2009

Aprendiendo de niños y dueños de lo ajeno


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Luego de indagar sobre la importancia que tiene desarrollar en cada uno el espíritu de servicio para ayudar al prójimo, recordé el significado de estar al servicio de una persona frente a la necesidad y sin esperar nada, nada a cambio para aspirar a la bienaventuranza de quienes inducidos por la solidaridad tienen gestos tan nobles.
Esa personas hacen votos de humildad periódicos sin ser monjes ni estar enclaustrados.

Estando en medio de esta idea sobre la importancia de dar servicios al prójimo (a personas, familias, hospitales, comedores infantiles, escuelas de frontera, personas con capacidades distintas entre otros); me encontré con una simpática narración que Martín Buber en "Los cuentos de los Hasidim", y que nos permite reflexionar sobre este tipo de servicios; que desde pequeños y en todas las escuelas deberíamos recibir como parte del aprendizaje del ser que vive en comunidad y requiere templar su espíritu con la menor cantidad de prejuicios y apegos para ser una mejor persona en la sociedad.

Existen maestros que tienen una forma poco convencional de explicar las cosas; pero logran finalmente afirmar los concepto relevantes de la vida.

"Del niño puedes aprender tres cosas:
Está alegre sin tener una razón en particular;
no está ocioso en ningún momento;
cuando necesita algo, lo reclama enérgicamente.

El ladrón puede enseñarte siete cosas:
Presta su servicio por las noches;
si no termina en una noche lo que ha decidido hacer,
dedica la noche siguiente a terminarlo;
él y los que trabajan con él, se aman los unos a los otros;
Arriesga su vida por pequeños logros;
lo que toma tiene tan poco valor para él,
que lo entrega a cambio de pocas monedas;
soporta golpes y dificultades, y eso no significa nada para él;

le gusta su oficio y no lo cambiaría por ningún otro"



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